Amsterdam Marathon

¿Cómo logré llegar tan lejos?

A un mes de correr el TCS Amsterdam Marathon, mi 6to maratón, me siento a escribir lo que pasó ese domingo 15 de Octubre 2017, y durante el recorrido para llegar a esa fecha.

Comienzo expresando lo sorprendida que me siento que ya casi se termina el año, este en particular se me fue como aire de las manos, y ha sido un año bastante ocupado y lleno de cambios para mí.

Al iniciar el 2017 muchas cosas que estuvieron muy estáticas antes comenzaron a tomar rumbo. En mi trabajo las responsabilidades se volvieron más demandantes y consideraron muchos viajes, en paralelo ya estaba latente la posibilidad de mudarme de casa, y adicional a esos detalles que contemplan mucha inestabilidad de lugar, energía, y mucha mucha limpia, después de 7 años aparece en mi vida un gran amor…  después de 7 años de vivir una vida de soltera, aparece por fin un gran amor, que por cierto, tiene un código postal muy lejano al mío, y eso aumentó también mi actividad de viajes.

Pasé 2017 cuidando los gastos a pesar de una mudanza y viajes, para poder pagar poco a poco el  viaje para lograr llegar a Ámsterdam junto a una de mis mejores amigas, luchando con una agenda muy activa y cansancio entre semana que llevaron a una muy pobre constancia en mi entrenamiento (excepto los sábados, que es mi día favorito y el único que corro), cumpliendo al mínimo requerido un entrenamiento tan demandante para hacer lo mejor posible un maratón.

 

Al llegar Octubre, un jueves 12 tomé mi avión a Ámsterdam, y al arribar un viernes después esperando a mi amiga Viviana en el aeropuerto pensaba: “con tantos cambios en mi vida, tanto trabajo y cansancio, ¿cómo logré llegar hasta aquí?”. Ese viernes comenzamos un viaje precioso, caminamos desde nuestra estancia para recoger nuestro paquete de corredor, y caminando por Ámsterdam, maravillada de tanta belleza solo me deje llevar, y así pasé mi viernes y sábado previo al maratón, encantada por el simple hecho de estar ahí.

Dato curioso, y es que el clima nos sorprendió días antes, pues una semana previa al evento se publicó un warning de los organizadores: “Hot weather expected”; disculpen, pero para una tapatía temperatura máxima de 23°C es lo cotidiano, nada alarmante por cierto y hasta un poco gracioso. El maratón sería en un día muy soleado, pero día bonito al fin y al cabo.

 

 

Y el domingo 15 de Octubre por la mañana, a 2 años sin haber corrido un maratón, listas en el Olympisch Stadion que fue el punto de salida y meta del maratón, estaba más que feliz de estar ahí. En el corral a nuestro lado había una Mexicana también, comenzamos a platicar con ella y Natalia, el cual era su nombre y quien vestía “México” de pies a cabeza, nos dijo que era su 7mo maratón, y que tenía el problema que nunca había logrado terminarlo en menos de 4 horas y ese era su mayor deseo en el mundo, a lo cual yo le dije: “Tu solo corre constante a 5 minutos 30 segundos el kilómetro, y con ese ritmo, si logras mantenerlo, harías aprox. 3 horas 52 minutos”, y esta estrategia la sé de memoria porque es mi estrategia con la que logré mis 3 maratones pasados terminar en 3 horas 50/55 minutos. Natalia, con un entusiasmo que no puedo describir (un poco abrumador para tan temprano por la mañana) me dijo: “¡Gracias! Esa estrategia es más sencilla que la mía, lo voy a intentar”.

 

Suena el disparo de salida y comenzó el recorrido. Saliendo del estadio corrimos por una avenida que nos llevó a atravesar Vondelpark, el parque más grande de la ciudad (qué maravilla de recorrido, pensé), y después el camino nos llevo hacia los arcos que atraviesan el Rijksmuseum, el museo nacional de arte e historia Holandesa (que majestuoso momento, que maravilla de recorrido), para después pasearnos un poco por los emblemáticos canales de la ciudad (qué maravilla de recorrido), y seguimos por las zonas de oficinas y residencial. Entonces en el kilómetro 10 me di cuenta que Natalia venía detrás de mí, siguiéndome, y yo sin ser fan de tener la responsabilidad o presión de llevar a alguien en mi paso, por esta ocasión lo dejé pasar porque ella tenía un sueño y tal vez yo podía ayudarla.

Seguimos el recorrido y en el kilómetro 14 llegamos al canal Amstel por las afueras de la ciudad, y ahí paseamos (si, yo pasee) por las casas, imagino, de las familias de gran acceso económico, ¡que casas más bonitas! Vimos unas que parecían palacetes y su jardín era una gran pradera con caballos y perros, y ese recorrido duró 11 kilómetros (que maravilla de recorrido), y justo al llegar al kilómetro 25 Natalia sostuvo el paso y yo me cansé, como si me hubieran jalado para retenerme, y desde ese momento baje mi ritmo; quise seguir con Natalia pero no lo logré, y no me importó, la dejé ir y me dio gusto que por lo menos pude ayudarle con el paso 25 kilómetros.

Siguió el recorrido por las zonas residenciales de Ámsterdam, fuera y dentro de la ciudad, todo me parecía bonito (como dice la canción), y seguí así maravillada con el recorrido, disfrutando mucho la vista tan Holandesa y su arquitectura, los animadores de diferentes naciones… y luché más y más con el ritmo, pensé que esos momentos era en donde se reflejaba el entrenamiento tan diferente e indisciplinado de este año.

Seguí lenta pero disfrutando mucho de cualquier forma, y los más importante sin sufrimiento alguno; en el kilómetro 38 ¡ups!, se apagó mi iShuffle y mi música, “¡ni modo!” pensé, (con cero frustración de mi velocidad o mi música, muy raro en mí).

Ahora si en la recta final, cientos de espectadores aplaudiendo a los corredores en la calle, llegué al kilómetro 40 que es mi momento favorito, saqué mi bandera de mi México, más orgullosa que nunca de de ser Mexicana después de los recientes sismos que sacudieron tantas ciudades. La gente me gritaba “Vamos México”, y con toda la gasolina que tenía aceleré lo más posible hasta llegar al estadio de regreso, escuche al narrador decir en inglés “bienvenida Adriana de México”, ufff que emoción ¡ya llegué!, y los últimos metros del recorrido con la bandera en alto pensé: “¡qué difícil tratar de correr rápido con los brazos arriba, me voy de boca!”, me dio mucha risa, y así hasta que pisé la meta.

¡Llegué! Y Viviana en segundos me encontró a mi llegada, y con mucha emoción salieron lágrimas de mis ojos, me dio un abrazo tan estrecho que rompí al llanto. Y entonces me dice: “¡Qué crees! Vi llegar a Natalia, estaba muy emocionada y agradecida contigo, me pidió tu teléfono, terminó en 3 horas 50 minutos!”. Yo terminé mi maratón en 4 horas, 00 minutos, 15 segundos.

Por unos segundos mi ego quiso salir a flote para hacerme sentir un poco de coraje, porque mis 3 maratones previos terminé en 3:50/55, aunque de verdad me dio mucho gusto por ella al punto que no me enfadé ni un poco, ella logró lo que más deseó por años. Tengo que decir que esperamos durante los siguientes días su llamada para poderle decir: “Natalia, me dejaste tu maldición de las 4 horas y te llevaste mis 3:50” (Jajajaja); si se lo hubiera dicho pero con mucho humor, en el fondo estaba muy contenta de haber ayudado a alguien en tan retador momento de la vida, un maratón. Agradezco la oportunidad que recibí.

Terminando el maratón por fin llegó la respuesta a mi pregunta, ¿cómo logré llegar hasta aquí?, y la respuesta la tuve hasta que pasó el momento: disfrutando mi vida, todos sus cambios, recorridos y situaciones, sin sufrimiento, sin dolor. Muy agradecida por todos los retos que han llegado a mi vida, solo me han pasado cosas buenas y bonitas, me siento muy afortunada, y muy llena de amor de tanta gente auténtica y que suma a mi vida. Yo no puedo sufrir por haber hecho 10 minutos más en un maratón, cuando tengo la fortuna de haber tenido ese viaje mientras hay personas en mi país que perdieron sus casas semanas antes.

La respuesta es muy simple, la clave es vivir, pasar el rato agradeciendo que hasta con retos en el camino, si sigues el recorrido que quieres, con esfuerzo y dedicación a tu medida, llegarás tan lejos hasta donde tú quieras, pero siempre agradeciendo el amor que llega a tu vida en todas sus formas.

Gracias a mi equipo de entrenamiento y apoyo, mi gran amiga Viviana y mi gran amor Re.

Gracias a mi coach Mau que cuidó mi entrenamiento y mi cuerpo para llegar sana hasta el final.

Y gracias a Ruts Energy por haberme acompañado en el camino con sus deliciosos geles energéticos.

Y si tu algún día quieres correr un maratón bonito, por favor, corre Ámsterdam.

Gracias por leer.

 

22KM: Polar Boy – Garmin Girl ❤️ . . . #HappyRunner #RunnerLove #TCSAmsterdamMarathon

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2 comments

    • Adriana Flores B.
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      Laliro, muchas gracias por tu mensajito, hace que valga la pena la dedicación de escribir. Te mando un abrazote!

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